Primero de Abril, costumbre Amerciano por Mark Plimsoll

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Primero de Abril, costumbre Americano


por Mark Plimsoll (1998)


        Anoche otra vez ella me rechazó.
        La habitación estaba tan caliente como un caminó de asfalta en plena sol, y a pesar de eso, ella se fue dos veces a comprar café, y después regresar solo para torturarme con cuentos de los hombres en la calle, gritando y tirando piropos entre sus juegos de naipes en el balcón del segundo piso. Ella me contó con todas las detalles, sonriendo, ojos brillando este extraño azul de fiera.
        Para hacerla más cómodo, después de estar rechazado otra vez, abrí la ventana, y la puerta a toda la extensión de la cadena, y me acosté en el suelo encima de las coberturas de la cama, para hacerla sentir segura contra su pesadillas de un violador, o darme un escape de la rabia de ella, si despertaría en la noche a ver la puerta y ventana abierta.
        Cuantas noches ella negó de ir conmigo a la cama, y negó de dejar su niño en otro lado, solo para dormir juntos, como la única vez, cuando ella despertó levemente, para preocuparse no de la ausencia de su niño, pero de mí. Esta vez, fuimos a fumar afuera, y hablamos de su falta de ganas de hacerme feliz, con o sin el sexo, compartiendo nuestra cama.
        Seguía con su decisión. Cerré la ventana y me acosté y lloraba por un eternidad, respirando profundo con intenciones de evitar los sollazos de una negra tristeza, de recordar estos últimos siete años llenas de mujeres como ella, quienes han sufrido abuso sexual, un asunto que las hiciera frías, agresivas, complexas- animales sexuales con un don de seducir, pero también con un odio y desconfianza a sus hombres, los dos, su propio hombre y yo.
        Una vez por la noche, otra vez solo y dormido en mi propio cama, desperté para sentir un peso encima de mí, un duro presión contra mí pecho. Empecé a sollozar de repente, y continuaba hasta mojar las cobijas, con lágrimas y las aguas del deseo de mi masculinidad.
        Hoy, mientras ella manejaba con un ojo para ver una tienda para dar un chance a orinar al niño, platicamos de nuestro historia como amantes, desde el principio, cuando con tres días sin tener sexo conmigo, ella me dijo que no lo soportaría tan largo tiempo sin mis favores, ni una vez más, ni jamás podría acostumbrarse de mi ausencia, y yo casi convencido, aunque al mismo tiempo nada de lo que escuché me convenció que ella hablaba un amor de verdad.
        Y ahora, ella me dijo que todo el tiempo, debido a los dichos de su club de viudas, sabía que un viuda, tan pronto después del muerte de su esposo, muchas veces lanzaría una relación del sexo de poca consecuencia, pero con una intensidad sexual. Me dijo que sabía esto desde Diciembre, cuando nos conocimos de lejos, sin decirme nada, sin la bondad de dejarme unas pistas para darme cuenta de nuestro realidad.



"The Huckleberry Finn for the Twenty-first Century"

Released late June, 2006

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